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“Los Hijos…la Última Frontera.”

“LOS HIJOS…LA ÚLTIMA FRONTERA”

La realidad oculta tras la relación que tenemos con los hijos, es una verdad que tarde o temprano nos tenemos que encontrar, ¿De que depende que esta aparezca lo más temprano posible y no pasemos la mayor parte de nuestra vida sin comprender la verdadera razón de esta relación?

La estructura que tenemos los seres humanos para evolucionar en la vida, se basa o fundamenta en las relaciones que tenemos a lo largo de ella y el día que logramos conocernos a nosotros mismos, es cuando también logramos trascender todo tipo de relación que tengamos. Esto se da mientras adquirimos la capacidad de Autonomía, que por derecho universal nos corresponde.

La falta de reconocimiento de si mismo, se da por permanecer “de más” en lo que llamamos “las emociones”, este entretenimiento “desvirtúa” la realidad de nuestra existencia, enviciándonos hasta el punto de darle vida al miedo y no comprender que lo que esto mueve, esta sustentado en lo falso, dando motivo para no ver la verdadera razón por la cual nos relacionamos los seres humanos.

Si tú vives en el miedo, sin darte cuenta, el Amor real se oculta, y sin darte cuenta vives con apego la relación, volviéndote vulnerable, (esto es muy sutil e imperceptible hasta que se ven sus estragos, las múltiples caras del miedo como son la tristeza, el rencor etc.) El Amor, la Fe y la Paz la naturaleza con la que se deben tratar las relaciones, por estar viviendo una vida en excesos simplemente no aparecen y esto te genera al paso del tiempo una conducta frágil y repetitiva. Esto por duro que aparezca es lo que ocasiona la enfermedad, por no vivir siendo libre y espontáneos.

Por lo tanto, si hay emociones en la vida hay mente. El miedo, es el resultado del uso excesivo de la mente, se genera un patrón mental que es el que viene evitando tu libertad y da como resultado no saber aplicar tu poder creativo para fortalecer la vida de quienes te rodean, y también evita que comprendas que existe una protección natural en cada quien que se aplica al ser libres y espontáneos, los jóvenes aun tienen esa espontaneidad.

Cuando un hijo sale de viaje o algún lado por la noche con los amigos y llegará tarde, los papás, en lugar de aplicar el sentimiento y crear una salida y un regreso a casa armonizado de su hijo, rezan sin sentir lo que hacen, es tanto el miedo, que lo hacen ya por costumbre y al cabo del tiempo siguen preocupados. El hijo regresa bien y no siempre fue por el rezo, sino que el hijo nunca pensó que le iría mal en su salida, ahí esta el poder de la creación en alguien que no piensa sino en el presente.

Para que un padre aplique continuamente el sentimiento y que con el cree lo que desea en el hijo (como la protección cuando sale etc.), debe reencontrarse con el amor, su confianza en si mismo y por lo tanto con su paz. Estos “ingredientes” de la vida es lo que se llama sentimiento, EL Amor es el que genera la energía del sentimiento, la confianza lo aplica y la Paz lo define. Primero las personas debemos reactivar esto para crear lo que deseemos, y dejar la “tristeza”, entre otras cosas cuando un hijo se va a estudiar, hace un viaje etc.

Los hijos… la última frontera.
A que me refiero con esto. En el proceso evolutivo de cada ser, a retomar la libertad perdida por los excesos. Me refiero con libertad, a la Autonomía que realmente somos y con la cual expresamos el poder para transformar la energía (por difícil que parezca, a la de nuestros propios hijos y así guiarlos en silencio más que con palabras que ya no escuchan), no podemos retomar la realidad de nuestra existencia si hay apegos, y es el apego a un hijo el que al último aparece, pues es un hijo al que le guardas más celo para que ande por la vida, un padre siempre quiere que el hijo haga lo que el quiere, sin darse cuenta que el hijo trae su propia Autonomía, y en ella cree, en el cree antes que en un padre, cuando este hijo esta a punto de volar, es valido que crea más en el, pues inicia a experimentarse libre y en el confía más que en nadie, así debe ser, el hijo debe creer más en el pues ese es su reto inmediato a vencer después de que se contaminó con el miedo de sus propios padres. Ese paso se vive duro, más para los padres que para ellos mismos. El deseo de “volar” que tienen los hijos, es mas fuerte que nuestras palabras, es un impulso natural de sobrevivencia por el que todos hemos pasado. Y la manera eficiente para protegerlos cuando están en este estado, es en silencio, construyendo su bienestar desde nuestro corazón, confiando de que así es y entregarlos a la vida, que experimenten en ella su propósito de vida que muchas veces esta retirado del nuestro. Somos sus padres, no somos sus dueños.
Cuando logras vivir sin el apego a un hijo, cruzaste la última frontera, sentirás la libertad que te corresponde sentir y que desde mucho antes has buscado. Habrás experimentado entonces, el llamado nuevo nacimiento, tú despertar a la vida sin nada que te detenga. Ellos, los hijos, son una prueba fiel que te ayuda a determinar tu estado de libertad y al mismo tiempo, el respeto que te tienes a ti mismo.
Poco a poco, la conducta de la humanidad se libera de los apegos o vicios que tenemos, y experimentamos la libertad y con ella la verdad. Hay quien no tenga hijos pero tiene apegos, y es al apego más intenso y difícil de trascender, el que entonces se convertirá en su última frontera a cruzar.
Las relaciones existen como medio para ayudarnos a trascender nuestra propia condición de vida, debemos saber ver el porque de la relación que tenemos.
Toda relación es para trascenderse a un nuevo estado, hasta llegado el momento de ser independientes, por saber subsistir por nuestros propios medios creativos. Entonces la relación pasó al estado de la unidad, por haber aplicado el Amor, la Confianza y estar en Paz. Ya no se vive así una relación, pues lo que antes eran dos ahora son uno, se paso de las palabras al sentimiento.

Un día, uno de mis hijos me contesto… “Para que me protejo al Salir, si yo no pienso que me va a ir mal”.

Porqué bloquear su realidad cuando sabes que la esta viviendo.

Saludos.

Autor Diego Sámano Ch.